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martes, 1 de octubre de 2013

LUCHAR CONTRA EL SUFRIMIENTO EN EL TRABAJO

Luchar contra el sufrimiento en el trabajo por falta de retribución y reconocimiento, personal y colectivo tanto material como simbólico y ético.

Luchar contra el desgano y desaliento de ir a trabajar por que el trabajo no se traduce en realización personal y colectiva.

Los  gastos en ansiolíticos y antidepresivos que se realizan en la farmacia evidencian que el estrés de nuestros compañeros hace estragos psíquicos  y sociales que afectan el rendimiento y calidad de las tareas y funciones.

Los casos de acoso laboral son cada vez más frecuentes  cuando nos encontramos con un clima en donde prima la competencia individualista y donde las normas de convivencia comunes son desechadas por todos y cada uno de los compañeros.

El pensamiento único producto del neoliberalismo se ha impuesto en nuestra universidad. Entre sociedad y mercado se ha elegido este último, desvirtuando los fines, objetivos y funciones expresados en nuestros estatutos.

El sistema de evaluación de la performance individual, con criterios meramente cuantitativos, desechando lo cualitativo y lo colectivo, se ha transformado en monopólico. Los criterios de este tipo de evaluación son impuestos por el FMI y el Banco Mundial, tal es el caso de la CONEAU.

La última dictadura militar ha desarmado a la comunidad universitaria material, intelectual, ética y políticamente a través de la desaparición física de muchos intelectuales, a lo que se suma el vaciamiento de las carreras de grado, la degradación de los planes de estudio, la falta endémica de presupuesto, el desmantelamiento de las bibliotecas de sociales y humanidades, la depreciación de las carreras sociales y humanísticas y el alejamiento de los problemas de los sectores populares.

Es necesario recuperar estas armas propias de la universidad para lo cual es necesario conservar, suprimir y superar lo meramente salarial en una esfera impregnada de política universitaria que se proponga la derogación de la ley de educación superior,  producto de la década neoliberal, el incremento sustancial del presupuesto, dotar nuevamente a las carreras de grado de los contenidos que nunca debió abandonar, la supresión del trabajo gratuito de egresados y alumnos , que no es otra cosa que una servidumbre encubierta

La creatividad se hace cada vez más difícil debido a la alta burocratización, estandarización y homogenización de los procesos de docencia, extensión e investigación. La creatividad no puede tener formas rígidas porque coarta la libertad condición indispensable para ser creativo y poder modificar la realidad.

La industria de los “papers” al igual que los referatos y las publicaciones en revistas con “prestigio internacional”, no son otra cosa que una creación burocrática que lo que pretende es monopolizar el saber soterrando los saberes que concuerdan con el sentir y actuar del pueblo, propugnando el cientificismo en contra del pensamiento político e ideológico, divorciando la ciencia de la sociedad.

La proliferación de Masters y Doctorados ha servido para vaciar las carreras de grado y transformar la gratuidad de la enseñanza en cursos de posgrado pagos a los que solo pueden acceder los que tienen dinero. Es más, quien más posgrados puede pagar. Los posgrados deben existir pero no en detrimento de las carrera de grado y deben se subsidiados por la universidad para que exista igualdad de oportunidades.

La validación del conocimiento científico se realiza fundamentalmente a través de la práctica transformadora de la realidad. Los congresos y jornadas científicas son útiles dentro del campo de lo científico pero son insuficientes en el campo de la realidad social. Es imprescindible  que el conocimiento científico confronte y dialogue con otros tipos de conocimientos.

Armarse éticamente es no aceptar valores impuestos desde arriba por los sectores dominantes sino crear normas y reglas consensuadas que se respetan, no por coacción, sino por convicción y acuerdo mutuo en forma comunitaria.

La lucha dentro de la universidad por mayores cuotas de poder no debe ser para imponer una voluntad sobre la otra. El poder debe ser una potencia creativa y no un instrumento de dominación y explotación. El poder como potencia creadora permite que la universidad tenga como fin último mejorar la calidad de vida de toda la población y la emancipación humana.


[Enviado por e-mail para este blog por el prof. Mario Ruffa, desde Buenos Aires, a pocos días de haber sido sometido a un trasplante de hígado y del que se recupera sin prisa y sin pausa.]