Luchar
contra el sufrimiento en el trabajo por falta de retribución y reconocimiento,
personal y colectivo tanto material como simbólico y ético.
Luchar
contra el desgano y desaliento de ir a trabajar por que el trabajo no se
traduce en realización personal y colectiva.
Los gastos en ansiolíticos y antidepresivos que
se realizan en la farmacia evidencian que el estrés de nuestros compañeros hace
estragos psíquicos y sociales que
afectan el rendimiento y calidad de las tareas y funciones.
Los casos de
acoso laboral son cada vez más frecuentes
cuando nos encontramos con un clima en donde prima la competencia
individualista y donde las normas de convivencia comunes son desechadas por
todos y cada uno de los compañeros.
El
pensamiento único producto del neoliberalismo se ha impuesto en nuestra
universidad. Entre sociedad y mercado se ha elegido este último, desvirtuando
los fines, objetivos y funciones expresados en nuestros estatutos.
El sistema
de evaluación de la performance individual, con criterios meramente
cuantitativos, desechando lo cualitativo y lo colectivo, se ha transformado en
monopólico. Los criterios de este tipo de evaluación son impuestos por el FMI y
el Banco Mundial, tal es el caso de la CONEAU.
La última
dictadura militar ha desarmado a la comunidad universitaria material,
intelectual, ética y políticamente a través de la desaparición física de muchos
intelectuales, a lo que se suma el vaciamiento de las carreras de grado, la
degradación de los planes de estudio, la falta endémica de presupuesto, el
desmantelamiento de las bibliotecas de sociales y humanidades, la depreciación
de las carreras sociales y humanísticas y el alejamiento de los problemas de
los sectores populares.
Es necesario
recuperar estas armas propias de la universidad para lo cual es necesario
conservar, suprimir y superar lo meramente salarial en una esfera impregnada de
política universitaria que se proponga la derogación de la ley de educación
superior, producto de la década
neoliberal, el incremento sustancial del presupuesto, dotar nuevamente a las
carreras de grado de los contenidos que nunca debió abandonar, la supresión del
trabajo gratuito de egresados y alumnos , que no es otra cosa que una
servidumbre encubierta
La
creatividad se hace cada vez más difícil debido a la alta burocratización,
estandarización y homogenización de los procesos de docencia, extensión e
investigación. La creatividad no puede tener formas rígidas porque coarta la
libertad condición indispensable para ser creativo y poder modificar la
realidad.
La industria
de los “papers” al igual que los referatos y las publicaciones en revistas con
“prestigio internacional”, no son otra cosa que una creación burocrática que lo
que pretende es monopolizar el saber soterrando los saberes que concuerdan con
el sentir y actuar del pueblo, propugnando el cientificismo en contra del
pensamiento político e ideológico, divorciando la ciencia de la sociedad.
La
proliferación de Masters y Doctorados ha servido para vaciar las carreras de
grado y transformar la gratuidad de la enseñanza en cursos de posgrado pagos a
los que solo pueden acceder los que tienen dinero. Es más, quien más posgrados
puede pagar. Los posgrados deben existir pero no en detrimento de las carrera
de grado y deben se subsidiados por la universidad para que exista igualdad de
oportunidades.
La
validación del conocimiento científico se realiza fundamentalmente a través de
la práctica transformadora de la realidad. Los congresos y jornadas científicas
son útiles dentro del campo de lo científico pero son insuficientes en el campo
de la realidad social. Es imprescindible
que el conocimiento científico confronte y dialogue con otros tipos de
conocimientos.
Armarse
éticamente es no aceptar valores impuestos desde arriba por los sectores
dominantes sino crear normas y reglas consensuadas que se respetan, no por
coacción, sino por convicción y acuerdo mutuo en forma comunitaria.
La lucha dentro
de la universidad por mayores cuotas de poder no debe ser para imponer una
voluntad sobre la otra. El poder debe ser una potencia creativa y no un
instrumento de dominación y explotación. El poder como potencia creadora
permite que la universidad tenga como fin último mejorar la calidad de vida de
toda la población y la emancipación humana.
[Enviado por e-mail para este blog por el
prof. Mario Ruffa, desde Buenos Aires, a pocos días de haber sido sometido a un
trasplante de hígado y del que se recupera sin prisa y sin pausa.]
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